Sin El Niño, el invierno ha sido más destructor

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Vía Crucita-Rocafuerte. Una vista aérea muestra una parte del sitio Mejía, perteneciente a Portoviejo, que luce totalmente inundado. Las calles han sido tapadas por el agua y la gente no tiene cómo salir. (Hernán Lucas / Expreso)
Vía Crucita-Rocafuerte. Una vista aérea muestra una parte del sitio Mejía, perteneciente a Portoviejo, que luce totalmente inundado. Las calles han sido tapadas por el agua y la gente no tiene cómo salir. (Hernán Lucas / Expreso)

Sin El Niño, este año ha sido peor. Las fuertes lluvias que azotan al país dejan, hasta ahora, un saldo de desastre que cada día suma nuevos afectados: ciudades enteras inundadas (Santa Ana, Portoviejo, Milagro, Machala), más de dos mil personas evacuadas, vías destruidas, sembríos perdidos, aulas de escuelas convertidas en dormitorios.

La situación lleva a las autoridades a decretar la emergencia en el territorio nacional. La resolución, emitida por la Secretaría de Gestión de Riesgos (SGR) el 31 de marzo pasado, tiene como objetivo “otorgar la asistencia humanitaria y realizar todas las acciones inmediatas” para enfrentar los problemas que se registran en el país.

Antes de esto eran 7 las provincias declaradas en alerta naranja: Manabí, Guayas, Santa Elena, Esmeraldas, Los Ríos, El Oro y Loja.

Y es precisamente la primera de las mencionadas, Manabí, la más golpeada por las lluvias. Según la SGR, por la creciente del río Portoviejo, solo este fin de semana son 2.500 familias las afectadas. Y la cifra sigue en aumento porque la madrugada y mañana de ayer, los sectores Mejía, El Tomate y El Limón, de la vía Portoviejo-Crucita, resultaron anegados cuando el caudal del río volvió a crecer.

El desbordamiento, que deja varias poblaciones inundadas en las últimas horas, los alcanzó llevando a la calle y a la desesperación a cientos de familias. Elementos de socorro y miembros policiales evacuaron a decenas de familias.

“El agua empezó a llegar desde la noche del sábado, pero jamás pensábamos que alcanzaría esta magnitud. No logramos sacar nada, todo lo perdimos; nos quedamos solo con dos gallinitas”, indicó Juan Ricaurte, del sitio Mejía, mientras trataba de salir del agua, que en ese sector alcanzaba el metro de altura. Algunas familias esperaban en las veredas de la vía principal que el agua descendiera para poder volver a sus viviendas.

En Rocafuerte, los sitios Sosote, Corre Agua, Las Jaguas y parte de los cultivos fueron cubiertos por el agua. Un piquete de policías controlaba el tráfico en la vía a Tosagua, ya que el caudal traspasó la carretera. “Estamos controlando para evitar desgracias, ya que el afluente del río aumenta con fuerza. Los vehículos bajos y livianos no pueden circular por esta vía, porque es peligroso para ellos”, indicó un uniformado.

Además, las lluvias no cesan. El coordinador zonal 4 de la SGR, Johan Loor Romero, explica la situación: “Para poner un ejemplo y graficar, la cantidad de lluvia que cayó ha sido suficiente como para llenar casi 13 veces el estadio Atahualpa en 12 horas, o un estadio por hora”.

En tanto, los habitantes del cantón Santa Ana aprovecharon ayer que el agua comenzó a bajar, luego de que la ciudad quedara inundada -en algunas zonas hasta 2 y 3 metros- por la creciente del río Portoviejo.

Una vez que el agua descendía del centro del cantón, los comerciantes empezaron a abrir sus locales y tratar de rescatar lo poco que podían de sus productos. Con bombas a base de combustible, escobas, palas y baldes se ayudaban a sacar el agua y lodo acumulados.

Unos 300 locales comerciales registran grandes pérdidas. Un ejemplo es el de Leonardo Vera, propietario de una tienda de ventas de pinturas. El hombre perdió el 50 % del material y calcula que económicamente su perjuicio sería de unos 8 mil dólares.

 

Este es un “cuento de nunca acabar”

Babahoyo. Todos los años se inunda la zona de Cedegé. (Guillermo Lizarzaburo / Expreso)
Babahoyo. Todos los años se inunda la zona de Cedegé. (Guillermo Lizarzaburo / Expreso)

Todos los años es lo mismo. ¿Todos los años será lo mismo? Lo han repetido los expertos, los agricultores y hasta las autoridades: hay que dragar los ríos. Pero no se lo ha hecho.

El río Pula, que ha causado destrozos este año en varias zonas de Guayas, requiere una profundización; también el Jujan, el Yaguachi, el Milagro y el Babahoyo.

La sedimentación es la causa principal de los desbordamientos, que han causado graves problemas desde el 2012 en adelante, cuando también, sin presentarse El Niño, destrozó zonas agrícolas y provocaron pérdidas de vidas humanas, de animales, propiedades y vías.

“Creo que a estas alturas los problemas debieron haber sido resueltos, no se puede ser indolente y ver que todos los años pasa lo mismo y solo lamentarse. Los culpables son los prefectos, no el invierno”. Lo dice el vicepresidente de la Asociación Nacional de Juntas de Riego (Aejur), Rómulo Alcívar, quien ha advertido que si no se dragan los ríos y esteros cada año nuevas zonas se inundarán.

Nuevas zonas. Los cálculos de los agricultores indican que la infraestructura que se levanta tanto por entidades estatales como privadas hará que el agua cada año corra hacia otros sectores que no están preparados para estas catástrofes. En 2012 el agua no llegó tan alto como ahora en Portoviejo y en Chone. En Alfredo Baquerizo Moreno (Jujan), este año el agua inundó al Barrio Lindo, cosa que no sucedió en el invierno de 2012.

Migración. Las pérdidas que provocan los invierno en el campo hace que la migración campo/ciudad aumente, generando pérdida de mano de obra joven en las áreas rurales. El envejecimiento es un factor preocupante para el Grupo Diálogo Rural. Para esta época del año es cuando menos trabajo hay en el campo. Lo padece Washington Loor en el recinto la Porfía de Jujan: lleva tres semanas sin trabajo.

altos precios. Como informó el viernes EXPRESO, los inviernos generan menos oferta en los mercados de Guayaquil, como consecuencia de los daños en los alimentos o por imposibilidad de transportarlos. Solo en esta ciudad, entre marzo de 2016 y marzo de 2017, la canasta básica subió $ 57,9. Este año hay afectadas 6.039 hectáreas de cultivos y se perdieron 689. En el campo creen que la cifra es mayor.

 

Fuente: Diario Expreso